entrevista a josé francisco ríos
promoción de 2010
 
 
¿quién es josé francisco ríos?
 

José Francisco Ríos Martín, nacido en Málaga el 7 de febrero de 1991, es estudiante de Filosofía y Letras en la Facultad de su ciudad natal. Inconformista empedernido; busca más allá de la escueta imagen de la realidad inmediata un sentido vital que se nos pasa desapercibido. Pensador de la vida: su vida es su trabajo, y cómo tal, se enmaraña en ella sonsacando la verdad que tras el velo de la rutina se resguarda.

 
 
 
 
 
 
EN BUSCA DEL DIÁLOGO
 

Alejandro Rojas: Estimado José. En la última entrevista que difundimos pudimos escuchar lo que un alumno que acababa de licenciarse opinaba sobre la filosofía. Puede resultar interesante, para contrastar, hacer esta misma pregunta a un alumno de primero. Además, me gustaría saber si como alumno de primero consideras que los JFM pueden aportar algo interesante en esta etapa de formación que inicias, y si crees que existe algún punto que consideras que ellos deberían abordar y que sin embargo no tienen contemplada entre sus actividades actuales.

José F. Ríos: ¿Filosofía?... Vida; actuación acorde consigo mismo. Esta existencia que sostengo a duras penas se tornó inherente a ese estímulo que reclama la filosofía: el pensamiento. Pero no un pensamiento cualquiera, sino uno profundo, más allá de la mera imagen que se nos presenta inminente; hablo de un diálogo con nosotros mismos a esas preguntas tan enigmáticas que versan sobre la vida —las 'grandes preguntas' del por qué—. Supongo que la diferencia más significante que me separa de mi magnífico compañero, Gabriel Carpintero, aparte de su bagaje, es que ya me topé con esa problemática, ese desalentador panorama que el aprendiz de filosofía ignora y, como una necesidad ingente, se aferra al estudio de los antiguos filósofos en busca de respuestas cuando no nos damos cuenta que las respuestas se encuentran en nuestras propias vidas. La filosofía para mí representa un atisbo de luz en la oscuridad del camino incierto de la vida, ese horizonte iluminado que aviva mi alma y me incita a andar, a encaminarme hacia él, me incita a vivir... Y, digan lo que digan, la filosofía no es un inane estudio de la vida, es una vida de constante estudio.

En cuanto a los JFM: Soy un pensador que sostengo que la filosofía nace de la vivencia —vivir la vida—, solo hemos de remontarnos a toda la filosofía primera germinada en tan suelo fértil como resultó el ágora. Un lugar donde las gentes podían conversar de cuanto quisieren de ese tema que les convenía a todos: la vida y sus costumbres. Aunque por casualidades de la historia, ese espacio tan magnífico ha ido transmutándose en otros, hasta, prácticamente, extinguirse; los JFM pueden evocar y representar este anhelo por fomentar la esencia que nos legaron del ágora. Hablar, conversar, dialogar..., más allá del ámbito académico, resucitar esa esencia y volver a darle al diálogo ese poder que ahora parece que solo le otorgamos al oído y a la memoria, mientras un insulso mutismo nos adorna... Puedo pasarme el día sentado leyendo tantos libros como quisiere, pero como no me aliente el fervor de una conversación con mis amigos y compañeros, dudo de ser capaz de interesarme por filosofar... Con ello, los JFM logran representar esta iniciativa, dar forma en el ahora al anhelo del pasado y otorgar la oportunidad de hacer realmente filosofía. Todo se puede mejorar, siempre se puede ir hacia más, con el paso del tiempo. Seguro los JFM abordaran los temas que sus partícipes vean mas adecuados y acordes a sus gustos e intereses; mientras tanto, el trabajo del día a día irá definiendo su progreso.

Alejandro Rojas: ¿qué esperas de la carrera? ¿Quiero decir, qué es lo que esperas de estos años de formación que acabas de iniciar?

José F. Rios:Hemos de ser prudentes, pues todo aspecto ha de ser contemplado. He de decir que no espero nada de la carrera, lo espero de mí; puede ser un matiz incoherente o impreciso, pero es así, no puedo dar valor a la especulación futura cuando la dependencia es de este ahora en el que yo estoy envuelto. Luego, seguramente, me tope con esa preocupación arrolladora que supone el que haré el día de mañana; mientras creo que me atañe más el presente e incluso he de contemplar un cierto futuro, aun casi nunca abarca más allá de pasado mañana. He sido único causante de la acción electiva adecuada y he propiciado el llegar a este lugar, la razón supongo que deriva de esa constante aflicción que me atormenta, esa sensación que comparto con todo ser que es la vida.

Llegué aquí y ni siquiera procuré una constatación exacta de las distintas materias que me acaecerían durante el comienzo de la carrera —de hecho no sé cuales son las asignaturas del siguiente cuatrimestre—, no me preocupo demasiado con que será lo que deviene en el estudio. Ninguna asignatura es esperada, tal vez pensada, pero no esperada; cada clase es una discordancia total con mi idea de clase —esto es lo que me encanta—, y mi trabajo, al menos el que yo he visto lícito en empeñarme, es encontrar una consonancia con mi existencia entre ese desacuerdo y disparidad. Si he de ir a una clase y guardarme el discurso de un profesor, me leo un libro a la sombra de un buen árbol…, pues cada clase es así, una exposición mitad empírica mitad académica de algo que me atañe por el mero hecho de vivir. Me mueve un espíritu crítico, pero no impertinente, que mastica toda postura a contemplar, transmutándola en opinión personal acorde conmigo mismo.

También hemos de ser consecuentes, al menos en este instante que concierne el hablar sobre mis compañeros. Sería falaz decir que sí, he encontrado a esa figura que comparte mi misma concepción filosófica, pero no estaría en lo correcto puesto que no se ha dado el caso. Tal vez la gente no posea una sólida concepción por ser piezas del juego selectivo del sistema de educación y, por ocupar una posición, tomaron la única y última salida: la Filosofía; o puede que el hermetismo de aquellos que busco le impidan conferir con una extrema facilidad sus ideales. Solo hay cabida para la especulación y toda su espiral de inventiva. El ágora sigue siendo un ideal, no me exaspero por su llegada, empero no puedo quedarme de bruces viendo el tiempo pasar…: Así, seguiré buscando el diálogo allá donde se tercie.

 

 
 
 
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